domingo, 16 de noviembre de 2014



AVANCE N° 2
“EL FETICHISMO DE LA MERCANCIA  Y LA COSIFICACION DE LAS RELACIONES HUMANAS”

Tal como lo reseñamos en la anterior entrega, presentamos la sistematización de la lectura interpretativa-comprensiva, aplicando las orientaciones educativas y didácticas que hemos sugerido como técnicas de estudio:

A .- Lectura global,
B.-  Subrayado,
C.-Fichaje,
D.-Resumen interpretativo.

A continuación, el subrayado de la lectura asignada:

Carlos Marx. El capital: Crítica de la Economía Política, Tomo I. México: Fondo de Cultura Económica. “El fetichismo de la mercancía, y su secreto” 

 “Las formas que convierten a los productos del trabajo en mercancías y que, como es natural, presuponen la circulación de éstas, poseen ya la firmeza de formas naturales de la vida social antes de que los hombres se esfuercen por explicarse, no el carácter histórico de estas formas, que consideran ya algo inmutable, sino su contenido. Así se comprende que fuese simplemente el análisis de los precios de las mercancías lo que llevó a los hombres a investigar la determinación de la magnitud del valor, y la expresión colectiva en dinero de las mercancías lo que les movió a fijar su carácter valorativo. Pero esta forma acabada del mundo de las mercancías –la forma dinero –, lejos de revelar el carácter social de los trabajos privados y, por tanto, las relaciones sociales entre los productores privados, lo que hace es encubrirlas. Si digo que la levita, las botas, etc., se refieren al lienzo como a la materialización general de trabajo humano abstracto, enseguida salta a la vista lo absurdo de este modo de expresarse. Y sin embargo, cuando los productores de levitas, botas, etc., refieren estas mercancías al lienzo –o al oro y la plata, que para el caso es lo mismo – como equivalente general, refieren sus trabajos privados al trabajo social colectivo bajo la misma forma absurda y disparatada. Estas formas son precisamente las que constituyen las categorías de la economía burguesa. Son formas mentales aceptadas por la sociedad, y por tanto objetivas, en que se expresan las condiciones de producción de este régimen social de producción históricamente dado que es la producción de mercancías. Por eso, todo el misticismo del mundo de las mercancías, todo el encanto y el misterio que nimban los productos del trabajo basados en la producción de mercancías se esfuman tan pronto como los desplazamos a otras formas de producción. Y ya que la economía política gusta tanto de las robinsonadas, 32 observemos ante todo a Robinson en su isla. Pese a su innata sobriedad, Robinson tiene forzosamente que satisfacer toda una serie de necesidades que se le presentan, y esto le obliga a ejecutar diversos trabajos útiles: fabrica herramientas, construye muebles, domestica llamas, pesca, caza etc. Y no hablamos del rezar y de otras cosas por el estilo, pues nuestro Robinson se divierte con ello y considera esas tareas como un goce. A pesar de toda la diversidad de sus funciones productivas, él sabe que no son más que diversas formas o modalidades del mismo Robinson, es decir, diversas manifestaciones de trabajo humano . El mismo agobio en que vive le obliga a distribuir minuciosamente el tiempo entre sus diversas funciones. El que unas ocupan más sitio y otras menos, dentro de su actividad total, depende de las dificultades mayores o menores que tiene que vencer para alcanzar el resultado útil apetecido. La experiencia se lo enseña así, y nuestro Robinson que ha logrado salvar del naufragio reloj, libro de cuentas, tinta y pluma, se apresura, como buen inglés, a contabilizar su vida. En su inventario figura una relación de los objetos útiles que posee, de las diversas operaciones que reclama su producción y finalmente del tiempo de trabajo que exige, por término medio, la elaboración de determinadas cantidades de estos diversos productos. Tan claras y tan sencillas son las relaciones que median entre Robinson y los objetos que forman su riqueza, riqueza salida de sus propias manos, que hasta un señor M. Wirth podría comprenderlas sin estrujar mucho el caletre. Y, sin embargo, en esas relaciones se contienen ya todos los factores sustanciales del valor. Trasladémonos ahora de la luminosa isla de Robinson a la tenebrosa Edad Media europea. Aquí, el hombre independiente ha desaparecido; todo el mundo vive sojuzgado: siervos y señores de la gleba, vasallos y señores feudales, seglares y eclesiásticos. La sujeción personal caracteriza, en esta época, así las condiciones sociales de la producción material como las relaciones de vida cimentadas sobre ella. Pero, precisamente por tratarse de una sociedad basada en los vínculos personales de sujeción, no es necesario que los trabajos y los productos revistan en ella una forma fantástica distinta de su realidad. Aquí, los trabajos y los productos se incorporan al engranaje social como servicios y prestaciones. Lo que constituye la forma directamente social del trabajo es la forma natural de éste, su carácter concreto, y no su carácter general, como en el régimen de producción de mercancías. El trabajo del vasallo se mide por el tiempo, ni más ni menos que el trabajo productivo de mercancías, pero el siervo sabe perfectamente que es una determinada cantidad de su fuerza personal de trabajo la que invierte al servicio de su señor. El diezmo abonado al clérigo es harto más claro que las bendiciones de éste. Por tanto, cualquiera que sea el juicio que nos merezcan los papeles que aquí representan unos hombres frente a otros, el hecho es que las relaciones sociales de las personas en sus trabajos se revelan como relaciones personales suyas, sin disfrazarse de relaciones sociales entre las cosas, entre los productos de su trabajo.  Para estudiar el trabajo común, es decir, directamente socializado, no necesitamos remontarnos a la forma primitiva del trabajo colectivo que se alza en los umbrales históricos de todos los pueblos civilizados. 33 La industria rural y patriarcal de una familia campesina, de esas que producen trigo, ganado, hilados, lienzo, prendas de vestir, etc., para sus propias necesidades, nos brinda un ejemplo mucho más al alcance de la mano. Todos esos artículos producidos por ella representan para la familia otros tantos productos de su trabajo familiar, pero no guardan entre sí relación de mercancías. Los diversos trabajos que engendran estos productos, la agricultura y la ganadería, el hilar, el tejer y el cortar, etc., son, por su forma natural, funciones sociales, puesto que son funciones de una familia en cuyo seno reina una división propia y elemental del trabajo, ni más ni menos que en la producción de mercancías. Las diferencias de sexo y edad y las condiciones naturales del trabajo, que cambian al cambiar las estaciones del año, regulan la distribución de esas funciones dentro de la familia y el tiempo que los individuos que la componen han de trabajar. Pero aquí, el gasto de las fuerzas individuales de trabajo, graduado por su duración en el tiempo, reviste la forma lógica y natural de un trabajo determinado socialmente, ya que en este régimen las fuerzas individuales de trabajo sólo actúan de por sí corno órganos de la fuerza colectiva de trabajo de la familia. Finalmente, imaginémonos, para variar, una asociación de hombres libres que trabajen con medios colectivos de producción y que desplieguen sus numerosas fuerzas individuales de trabajo, con plena conciencia de lo que hacen, como una gran fuerza de trabajo social. En esta sociedad se repetirán todas las normas que presiden el trabajo de un Robinson, pero con carácter social y no individual. Los productos de Robinson eran todos producto personal y exclusivo suyo, y por tanto objetos directamente destinados a su uso. El producto colectivo de la asociación a que nos referimos es un producto social . Una parte de este producto vuelve a prestar servicio bajo la forma de medios de producción. Sigue siendo social. Otra parte es consumida por los individuos asociados, bajo forma de medios de vida. Debe, por tanto, ser distribuida. El carácter de esta distribución variará según el carácter especial del propio organismo social de producción y con arreglo al nivel histórico de los productores. Partiremos, sin embargo, aunque sólo sea a título de paralelo con el régimen de producción de mercancías, del supuesto de que la participación asignada a cada productor en los medios de vida depende de su tiempo de trabajo . En estas condiciones, el tiempo de trabajo representaría, como se ve, una doble función. Su distribución con arreglo a un plan social servirá para regular la proporción adecuada entre las diversas funciones del trabajo y las distintas necesidades. De otra parte y simultáneamente, el tiempo de trabajo serviría para graduar la parte individual del productor en el trabajo colectivo y, por tanto, en la parte del producto también colectivo destinada al consumo. Como se ve, aquí las relaciones sociales de los hombres con su trabajo y los productos de su trabajo son perfectamente claras y sencillas, tanto en lo tocante a la producción como en lo que se refiere a la distribución. Para una sociedad de productores de mercancías, cuyo régimen social de producción consiste en comportarse respecto a sus productos como mercancías , es decir como valores , y en relacionar sus trabajos privados, revestidos de esta forma material , como modalidades del mismo trabajo humano , la forma de religión más adecuada es, indudablemente, el cristianismo , con su culto del hombre abstracto, sobre todo en su modalidad burguesa, bajo la forma de protestantismo, deísmo, etc. En los sistemas de producción de la antigua Asia y de otros países de la Antigüedad, la transformación del producto en mercancía, y por tanto la existencia del hombre como productor de mercancías, desempeña un papel secundario, aunque va cobrando un relieve cada vez más acusado a medida que aquellas comunidades se acercan a su fase de muerte. Sólo enquistados en los intersticios del mundo antiguo, como los dioses de Epicuro o los judíos en los poros de la sociedad polaca, nos encontramos con verdaderos pueblos comerciales. Aquellos antiguos organismos sociales de producción son extraordinariamente más sencillos y más claros que el mundo burgués, pero se basan, bien en el carácter rudimentario del hombre ideal, que aún no se ha desprendido del cordón umbilical de su enlace natural con otros seres de la misma especie, bien en un régimen directo de señorío y esclavitud. Están condicionados por un bajo nivel de progreso de las fuerzas productivas del trabajo y por la natural falta de desarrollo del hombre dentro de su proceso material de producción de vida, y, por tanto, de unos hombres con otros y frente a la naturaleza. Esta timidez real se refleja de un modo ideal en las religiones naturales y populares de los antiguos. El reflejo religioso del mundo real sólo podrá desaparecer para siempre cuando las condiciones de la vida diaria, laboriosa y activa, representen para los hombres relaciones claras y racionales entre si y respecto a la naturaleza. La forma del proceso social de vida, o lo que es lo mismo, del proceso material de producción, sólo se despojará de su halo místico cuando ese proceso sea obra de hombres libremente socializados y puesta bajo su mando consciente y racional. Mas, para ello, la sociedad necesitará contar con una base material o con una serie de condiciones materiales de existencia, que son, a su vez, fruto natural de una larga y penosa evolución. La economía política ha analizado, indudablemente, aunque de un modo imperfecto, 34 el concepto del valor y su magnitud, descubriendo el contenido que se escondía bajo estas formas. Pero no se le ha ocurrido preguntarse siquiera por qué este contenido reviste aquella forma, es decir, por qué el trabajo toma cuerpo en el valor y por qué la medida del trabajo según el tiempo de su duración se traduce en la magnitud de valor del producto del trabajo. 35 Trátase de fórmulas que llevan estampado en la frente su estigma de fórmulas propias de un régimen de sociedad en que es el proceso de producción el que manda sobre el hombre, y no éste sobre el proceso de producción; pero la conciencia burguesa de esa sociedad las considera como algo necesario por naturaleza, lógico y evidente como el propio trabajo productivo. Por eso, para ella, las formas pre-burguesas del organismo social de producción son algo así como lo que para los padres de la Iglesia, v. gr., las religiones anteriores a Cristo. 36       Hasta qué punto el fetichismo adherido al mundo de las mercancías, o sea la apariencia material de las condiciones sociales del trabajo, empaña la mirada de no pocos economistas, lo prueba entre otras cosas esa aburrida y necia discusión acerca del papel de la naturaleza en la formación del valor de cambio. El valor de cambio no es más que una determinada manera social de expresar el trabajo invertido en un objeto y no puede, por tanto, contener materia alguna natural, como no puede contenerla, v. gr., la cotización cambiaria. La forma mercancía es la forma más general y rudimentaria de la producción burguesa, razón por la cual aparece en la escena histórica muy pronto, aunque no con el carácter predominante y peculiar que hoy día tiene; por eso su fetichismo parece relativamente fácil de analizar. Pero al asumir formas mas concretas, se borra hasta esta apariencia de sencillez. ¿De dónde provienen las ilusiones del sistema monetario? El sistema monetario no veía en el oro y la plata, considerados como dinero, manifestaciones de un régimen social de producción, sino objetos naturales dotados de virtudes sociales maravillosas. Y los economistas modernos, que miran tan por encima del hombro al sistema monetario ¿no caen también, ostensiblemente, en el vicio del fetichismo, tan pronto corno tratan del capital? ¿Acaso hace tanto tiempo que se ha desvanecido la ilusión fisiocrática de que la renta del suelo brotaba de la tierra, y no de la sociedad? Pero no nos adelantemos y limitémonos a poner aquí un ejemplo referente a la propia forma de las mercancías. Si éstas pudiesen hablar, dirían: es posible que nuestro valor de uso interese al hombre, pero el valor de uso no es atributo material nuestro. Lo inherente a nosotras, como tales cosas , es nuestro valor. Nuestras propias relaciones de mercancías lo demuestran. Nosotras sólo nos relacionamos las unas con las otras como valores de cambio. Oigamos ahora cómo habla el economista, leyendo en el alma de la mercancía: el valor (valor de cambio) es un atributo de las cosas, la riqueza (valor de uso) un atributo del hombre. El valor, considerado en este sentido, implica necesariamente el cambio; la riqueza, no. 37 “La riqueza (valor de uso) es atributo del hombre; el valor, atributo de las mercancías. Un hombre o una sociedad son ricos; una perla o un diamante son valiosos... Una perla o un diamante encierran valor como tal perla o diamante. ”38 Hasta hoy, ningún químico ha logrado descubrir valor de cambio en el diamante o en la perla. Sin embargo, los descubridores económicos de esta sustancia química, jactándose de su gran sagacidad crítica, entienden que el valor de uso de las cosas es independiente de sus cualidades materiales y, en cambio, su valor inherente a ellas. Y en esta opinión los confirma la peregrina circunstancia de que el hombre realiza el valor de uso de las cosas sin cambio, en un plano de relaciones directas con ellas, mientras que el valor sólo se realiza mediante el cambio, es decir, en un proceso social . Oyendo esto, se acuerda uno de aquel buen Dogberry, cuando le decía a Seacoal, el sereno: “La traza y la figura las dan las circunstancias, pero el saber leer y escribir es un don de la naturaleza.” 

Ficha 1
“…Pero esta forma acabada del mundo de las mercancías –la forma dinero –, lejos de revelar el carácter social de los trabajos privados y, por tanto, las relaciones sociales entre los productores privados, lo que hace es encubrirlas…”

Ficha 2
“... Y sin embargo, cuando los productores de levitas, botas, etc., refieren estas mercancías al lienzo –o al oro y la plata, que para el caso es lo mismo – como equivalente general, refieren sus trabajos privados al trabajo social colectivo bajo la misma forma absurda y disparatada. Estas formas son precisamente las que constituyen las categorías de la economía burguesa. Son formas mentales aceptadas por la sociedad, y por tanto objetivas, en que se expresan las condiciones de producción de este régimen social de producción históricamente dado que es la producción de mercancías. Por eso, todo el misticismo del mundo de las mercancías, todo el encanto y el misterio que nimban los productos del trabajo basados en la producción de mercancías se esfuman tan pronto como los desplazamos a otras formas de producción…La forma del proceso social de vida, o lo que es lo mismo, del proceso material de producción, sólo se despojará de su halo místico cuando ese proceso sea obra de hombres libremente socializados y puesta bajo su mando consciente y racional…”
 Ficha 3
 “…La economía política ha analizado, indudablemente, aunque de un modo imperfecto, 34 el concepto del valor y su magnitud, descubriendo el contenido que se escondía bajo estas formas. Pero no se le ha ocurrido preguntarse siquiera por qué este contenido reviste aquella forma, es decir, por qué el trabajo toma cuerpo en el valor y por qué la medida del trabajo según el tiempo de su duración se traduce en la magnitud de valor del producto del trabajo. Trátase de fórmulas que llevan estampado en la frente su estigma de fórmulas propias de un régimen de sociedad en que es el proceso de producción el que manda sobre el hombre, y no éste sobre el proceso de producción; pero la conciencia burguesa de esa sociedad las considera como algo necesario por naturaleza, lógico y evidente como el propio trabajo productivo…”

Ficha  4
“…Hasta qué punto el fetichismo adherido al mundo de las mercancías, o sea la apariencia material de las condiciones sociales del trabajo, empaña la mirada de no pocos economistas, lo prueba entre otras cosas esa aburrida y necia discusión acerca del papel de la naturaleza en la formación del valor de cambio. El valor de cambio no es más que una determinada manera social de expresar el trabajo invertido en un objeto y no puede, por tanto, contener materia alguna natural, como no puede contenerla, v. gr., la cotización cambiaria. La forma mercancía es la forma más general y rudimentaria de la producción burguesa, razón por la cual aparece en la escena histórica muy pronto, aunque no con el carácter predominante y peculiar que hoy día tiene; por eso su fetichismo parece relativamente fácil de analizar. Pero al asumir formas más concretas, se borra hasta esta apariencia de sencillez. ¿De dónde provienen las ilusiones del sistema monetario? El sistema monetario no veía en el oro y la plata, considerados como dinero, manifestaciones de un régimen social de producción, sino objetos naturales dotados de virtudes sociales maravillosas. Y los economistas modernos, que miran tan por encima del hombro al sistema monetario ¿no caen también, ostensiblemente, en el vicio del fetichismo, tan pronto corno tratan del capital? ¿Acaso hace tanto tiempo que se ha desvanecido la ilusión fisiocrática de que la renta del suelo brotaba de la tierra, y no de la sociedad?...”

RESUMEN INTERPRETATIVO
1.- El dinero como forma  acabada de mercancía encubre las relaciones sociales.

2.- La economía burguesa no ha podido dar cuenta del proceso de   valorización, ya que lo asume como natural, sin considerar como el proceso de producción manda sobre el hombre, convirtiendo el trabajo en cosa.

3.- El fetichismo de la mercancía, la apariencia empaña la mirada de no pocos economistas. La forma mercancía es la forma más general y rudimentaria de la producción burguesa, por eso su fetichismo parece relativamente fácil de analizar. Pero al asumir formas más concretas, se borra hasta esta apariencia de sencillez.

4.- El equivalente general (dinero, oro, plata) refieren al trabajo social colectivo en una forma absurda, disparatada. Estas son formas que adopta la economía burguesa. Todo este misticismo, su encanto y misterio se esfuma cuando se pasa a otras formas de producción. La producción se despojará de su halo místico cuando sea obra de hombres libremente socializados, actuando de una manera consciente.

LECTURA COMPLEMENTARIA
Esta lectura complementaria tiene entre sus  propósitos hacer un reconocimiento del marxista ruso Isaak Illich Rubin, quien en los años 20 escribió un ensayo sobre la teoría del valor, cuando en la URSS se instauraba un enfoque que legitimó el empleo de las categorías mercantiles en el proceso de transición, tal como fue asumido en la Nueva Política Económica (NEP). Rubin fue acusado de “idealista”, “subjetivo”, siendo encarcelado como contrarrevolucionario y finalmente desaparecido por el régimen stalinista.

Ensayos sobre la teoría marxista del valor
Edicion Pasado y presente.Argentina.1974

“Primera parte: Teoría marxista del fetichismo de la mercancía 

“…La teoría del fetichismo es, per se , la base de todo el sistema económica de Marx, y en particular de su teoría del valor. 

¿En qué consiste la teoría marxista del fetichismo, según las ideas generalmente aceptadas? Consiste en que Marx vio las relaciones humanas que subyacen en las relaciones entre las cosas, que reveló la ilusión en la conciencia humana que se originan en una economía mercantil y que asigna a las cosas características que tienen su origen en las relaciones sociales que establecen los hombres en el proceso de la producción. “Incapaz de comprender que la asociación de los hombres que trabajan en su batalla con la naturaleza, es decir, las relaciones sociales entre los hombres, se expresan en el intercambio, el fetichismo de la mercancía considera la intercambiabilidad de las mercancías como una propiedad interna, natural de las mercancías mismas. En otras palabras, lo que es en realidad una relación entre hombres, aparece como una relación entre cosas, dentro del contexto del fetichismo de la mercancía” 6. “Las características que habían parecido misteriosas porque no se explicaban sobre la base delas relaciones entre los productores, se asignaban a la esencia natural de las mercancías. Así como el fetichista asigna características a su fetiche que no surgen de su naturaleza, así también el economista burgués considera la mercancía como una cosa sensorial que posee propiedades extrasensoriales” 7. La teoría del fetichismo disipa de la mente de los hombres la ilusión, el grandioso engaño, que origina la apariencia de los fenómenos en la economía mercantil, y la aceptación de la apariencia (el movimiento de las cosas, de las mercancías y de su precio comercial) como la esencia de los fenómenos económicos. Sin embargo, esta interpretación, aunque generalmente aceptada en la literatura marxista, no agota, ni mucho menos el rico contenido de la teoría del fetichismo elaborada por Marx. Éste no sólo muestra que las relaciones humanas quedan veladas por las relaciones entre las cosas, sino también que, en la economía mercantil, las relaciones sociales adoptan la forma de cosas y no pueden ser expresadas sino mediante cosas. La estructura de la economía mercantil hace que las cosas desempeñen un papel social particular y muy importante, y de este modo adquieren propiedades sociales particulares. Marx descubrió las bases económicas objetivas que rigen el fetichismo de la mercancía. La ilusión y el error en la mente de los hombre transforma las categorías económicas cosificadas en “formas objetivas” (de pensamiento) de las relaciones de producción de un modo de producción históricamente determinado: la producción de mercancías (C., I, p. 38) 8. 

 “III. Cosificación de las relaciones sociales de producción entre los hombres y personificación de cosas  

Como hemos visto, en la sociedad mercantil-capitalista los individuos aislados se relacionan directamente entre sí por determinadas relaciones de producción, no como miembros de la sociedad, no como personas que ocupan un lugar en el proceso social de la producción, sino como propietarios de determinadas cosas, como “representantes sociales” de diferentes factores de producción. El capitalista es “simplemente capital personificado” (C., III, pp. 758 y 763). “En el terrateniente se personifica la tierra, una de las condiciones esenciales de la producción” (C., III, pp. 758 y 763). Esta “personificación”, en la cual los críticos de Marx ven algo incomprensible y hasta místico 13 indica un fenómeno muy real: la dependencia de las relaciones de producción entre las personas de la forma social de las cosas (factores de producción) que les pertenecen y que son personificadas por ellas. Si cierta persona entra en una relación de producción directa con otras, como propietaria de ciertas cosas, entonces una cosa determinada, independiente de quien la posea, permite a su propietario ocupar un lugar determinado en el sistema de relaciones de producción. Puesto que la posesión de cosas es una  condición necesaria para el establecimiento de relaciones de producción, parece que la cosa misma posee la capacidad, la virtud , de establecer relaciones de producción. Si la cosa dada brinda a su propietario la posibilidad de entrar en relaciones de cambio con cualquier con cualquier otro propietario de mercancía, entonces la cosa posee la especial virtud del de la intercambiabilidad, tiene “valor”. Si la cosa dada vincula a dos propietarios de mercancías, uno de los cuales es un capitalista y el otro un trabajador asalariado, entonces la cosa no sólo es un “valor”, sino que también es “capital”. Si el capitalista entra en una relación de producción con un terrateniente, entonces el valor, el dinero que da al terrateniente y mediante cuya transferencia entra en el vínculo de la producción, representa la “renta”. El dinero pagado por el capitalista industrial al capitalista financiero por el uso de capital prestado por este último, recibe el nombre de “interés”. Todo tipo de relación de producción entre personas  da una “virtud social”, “una forma social” específica a las cosas mediante las cuales determinadas personas entran en relaciones de producción directas . La cosa dada, además de servir como valor de uso, como objeto material con determinadas propiedades que hacen de ella un bien de consumo o un medio de producción, esto es, además de cumplir una función técnica en el proceso de la producción material, también cumple la función social de vincular personas. Así, en la sociedad mercantil-capitalista, las personas entran en relaciones de producción directas exclusivamente como propietarios de mercancías, como propietarios de cosas . Por otra parte, como resultado de esto, las cosas adquieren características sociales particulares, una forma social particular. “Las cualidades sociales del trabajador” adquieren “carácter material”, y los objetos, “caracteres sociales”. (C., I, p. 54). En lugar de “relaciones sociales directas entre individuos que trabajan”, como las que se establecen en una sociedad con una economía organizada, aquí observamos “ relaciones materiales entre personas y relaciones sociales entre cosas ” (C., I p. 38). Aquí vemos dos propiedades de la economía mercantil: “Personificación de las cosas y... materialización de las relaciones de producción en entidades [relaciones entre las cosas]” (C., III, p. 768), “la materialización de las determinaciones sociales de la producción y la personificación de sus fundamentos materiales”. Por “materialización de las relaciones de producción” entre las personas Marx entendía el proceso por el cual determinadas relaciones de producción entre personas (por ejemplo, entre capitalistas y obreros) asignan determinada forma social, o determinadas características sociales a las cosas mediante las cuales las personas se relacionan entre sí ( por ejemplo, la forma social del capital). Por “personificación de las cosas” Marx entendía el proceso por el cual la existencia de cosas con determinada forma social, por ejemplo, el capital, permite a su propietario aparecer en la forma de un capitalista y entrar en relaciones de producción concretas con otras personas. A primera vista ambos procesos pueden parecer mutuamente excluyentes. Por una parte, la forma social de las cosas es tratada como el resultado de las relaciones de producción entre las personas. Por la otra, las mismas relaciones de producción se establecen entre las personas sólo en presencia de cosas con una forma social específica.
“…Esta “cristalización” de las formas sociales conducen a la “cristalización” de las formas sociales correspondientes entre cosas. La forma social dada es “aferrada”, fijada a una cosa, preservada dentro de ella aun cuando las relaciones de producción entre personas se interrumpan. Sólo a partir de este momento es posible fechar la aparición de la categoría material dada como separada de las relaciones de producción entre personas de las cuales surgió y a las cuales, a su vez, afecta. El “valor” aparece convertirse en una propiedad de la cosa con la que entra en el proceso de intercambio y que la cosa conserva cuando lo abandona. Lo mismo es cierto para el dinero, el capital y otras formas sociales de las cosas. Siendo consecuencias del proceso de producción, se convierten en sus requisitos. A partir de este punto la forma social dada del producto del trabajo no sólo sirve como “expresión” de determinado tipo de relaciones de producción entre los hombres, sino también como su “portadora”. La presencia de una cosa con una determinada forma social en manos de una cierta persona, la induce a entrar en determinadas relaciones de producción, y le infunde su particular carácter social. “La cosificación de las relaciones sociales de producción” entre personas se complementa ahora con la “personificación de cosas”. La forma social del producto del trabajo, siendo el resultado de innumerables transacciones entre productores de mercancías, se convierte en un poderoso medio para ejercer presión sobre la motivación de los productores individuales de mercancías, obligándolos a adaptar su conducta a los tipos dominantes de relaciones de producción entre personas de esa sociedad . La influencia de la sociedad sobre el individuo se realiza a través de la forma social de las cosas.

“… Todo tipo de relación de producción que sea característico de una economía mercantil-capitalista atribuye una forma social capitalista a las cosas por las cuales y mediante las cuales las personas entran en esa relación. Esto conduce a la “cosificación” o “cristalización” de las relaciones de producción entre las personas. La cosa que está implicada en una determinada relación entre personas y que tiene una forma social correspondiente mantiene esta forma aunque la relación de producción dada concreta y particular se interrumpa . Sólo entonces la relación de producción entre las personas puede considerarse verdaderamente “cosificada”, es decir, “cristalizada” en la forma de una propiedad de la cosa, propiedad que parece pertenecer a la cosa misma y estar separada de la relación de producción. Puesto que las cosas se presentan con una determinada forma social fija, comienzan a su vez a influir sobre las personas, a moldear sus motivaciones e inducirlas a establecer relaciones de producción concretas entre sí. Al poseer la forma social de “capital”, las cosas hacen de su propietario un “capitalista” y determinan de antemano las relaciones de producción concretas que se establecerán entre él y otros miembros de la sociedad. Parece como si el carácter social de las cosas determinase el carácter social de su propietario. Así, se realiza la “personificación de las cosas”. De este modo, el capitalista brilla con la luz refleja de su capital, pero esto sólo es posible porque él, a su vez, refleja un tipo determinado de relación de producción entre personas. Como resultado de ello, los individuos quedan incluidos en el tipo dominante de relaciones de producción . La forma social de las cosas condiciona los vínculos de producción individuales entre personas particulares sólo porque la forma social misma es una expresión de vínculos de producción sociales . La forma social de las cosas aparece como una condición del proceso de producción que se da de antemano, ya creada y permanentemente fija, sólo porque aparece como el resultado congelado, cristalizado, de un proceso social de producción dinámico, en constante flujo y cambio. De este modo, la aparente contradicción entre la “cosificación de las personas” y la “personificación de las cosas” se resuelve en el proceso dialéctico e  ininterrumpido de la reproducción. Esta aparente contradicción se da entre la determinación de la forma social de las cosas por las relaciones de producción entre las personas, y la determinación de las relaciones de producción individuales entre personas por la forma social de las cosas. De los dos aspectos del proceso de reproducción que hemos mencionado sólo el segundo, “la personificación de las cosas”, aparece en la superficie de la vida económica y puede ser observado directamente. Las cosas aparecen bajo una forma social ya elaborada que influye sobre las motivaciones y la conducta de los productores individuales. Este aspecto del problema se refleja directamente en la psiquis de los individuos y puede ser observado de manera directa. Es mucho más difícil rastrear el surgimiento de las formas sociales de las cosas a partir de las relaciones de producción entre las personas. Este aspecto del proceso, esto es, la “cosificación” de las relaciones de producción entre las personas, es el resultado heterogéneo de una masa de transacciones, de acciones humanas que se depositan unas sobre otras. Es el resultado de un proceso social que se produce “a sus espaldas”, es decir, un resultado no previsto de antemano como un fin. Sólo mediante un profundo análisis histórico y socio- económico Marx logró explicar este aspecto del proceso. Desde esta perspectiva, podemos comprender las diferencias que Marx estableció a menudo entre “la apariencia exterior”, la “conexión externa”, la “superficie de los fenómenos”, por un lado, y la “conexión interna”, la “conexión oculta”, la “conexión inmanente”, la “esencia de las cosas”, por el otro 16 . Marx reprochó a los economistas vulgares el limitarse a un análisis del aspecto externo de un fenómeno. Reprochó a Adam Smith el oscilar entre perspectivas “esotéricas” (internas) y “exotéricas” (externas). Se ha sostenido que el significado de estas afirmaciones de Marx es muy oscuro. Los críticos de Marx, aun lo más generosos, lo acusaron de hacer metafísica económica por su deseo de explicar las conexiones ocultas entre los fenómenos. Los marxistas a veces explicaron las afirmaciones de Marx en términos de su deseo de diferenciar entre los métodos del empirismo tosco y la aislación abstracta 17 . Pensamos que esta referencia al método de abstracción es indispensable, pero demasiado inadecuada para caracterizar el método de Marx. No es esto lo que tenía in mente cuando estableció una oposición entre las conexiones internas y las externas de un fenómeno. El método de abstracción es común a Marx y a muchos de sus predecesores, inclusive Ricardo. Pero fue Marx quien introdujo un método sociológico en la economía política. Este método trata las categorías materiales como reflejos de las relaciones sociales de producción entre los hombres. Es en esta naturaleza social de las categorías materiales donde Marx veía sus “conexiones internas”. Los economistas vulgares sólo estudian las apariencias externas que son formas “enajenadas” de las relaciones económicas (C., III, p. 757), esto es, la forma objetiva, ya elaborada, de las cosas, sin captar su carácter social. Ven en el proceso de la “personificación” de las cosas que se produce en la superficie de la vida económica, pero no tienen idea alguna del proceso de “cosificación de las relaciones de producción” entre las personas. Consideran las categorías materiales como dadas, como “condiciones” ya existentes del proceso de producción que afectan los motivos de los productores y que se expresan en su conciencia; no examinan el carácter de esas categorías materiales como resultado del proceso social. Ignoran los procesos internos sociales, y se restringen a la “conexión externa entre las cosas, tal como esta conexión aparece en la competencia. En ésta, pues, todo aparece trastocado, y siempre se presenta en forma invertida” 18 . Así, las relaciones de producción entre las personas parecen depender de las formas sociales de las cosas, y no al revés. Los economistas vulgares no comprenden que el proceso de “personificación de las cosas” sólo puede ser comprendido como resultado del proceso de “cosificación de las relaciones de producción entre las personas”, y consideran las características sociales de las cosas (el valor, el dinero, el capital, etc.) como características naturales que pertenecen a las cosas mismas. El valor, el dinero, etc., no son considerados como expresiones de relaciones humanas “vinculadas” a las cosas, sino como las características directas de las cosas mismas, características técnico-naturales de las cosas. Esta es la causa del fetichismo de la mercancía que caracteriza el pensamiento de los participantes en la producción, que se hallan limitados por el horizonte de la economía capitalista. Esta es la causa de la “materialización de las relaciones sociales, [de] el entrelazamiento directo de las relaciones materiales de producción con sus condiciones históricas” (C., III, p. 768). “Un elemento de la producción [es] representado por una determinada forma social y entremezclado con ella” ( Ibíd., p. 755). “La sustantivación formal de estas condiciones de trabajo frente al trabajo, la forma específica de esta sustantivación que las condiciones de trabajo revisten frente al trabajo asalariado, aparecerá así como una cualidad inseparable de ellas en cuanto cosas, en cuanto condiciones materiales de producción, como un carácter inmanente a ellas, necesariamente asociado a ellas como elementos de producción. El carácter social que presentan en el proceso de producción capitalista, carácter determinado por una época histórica de producción capitalista, carácter determinado por una época histórica dada, se convierte así en un carácter material innato a ellas, inherente a ellas por naturaleza y para toda una eternidad, por decirlo así, como elemento del proceso de producción (Ibíd ., III, p. 764) 19 . La transformación de las relaciones sociales de producción en propiedades sociales “objetivas” de las cosas es un fenómeno de la economía mercantil-capitalista y una consecuencia de las conexiones distintivas entre el proceso de la producción material y el movimiento de las relaciones de producción. El error de los economistas vulgares no reside en el hecho que prestan atención a las formas materiales de la economía capitalista, sino en que no ven su conexión con la forma social de la producción y no las hacen derivar de esta forma social sino de las propiedades naturales de las cosas. Los efectos de determinadas formas sociales del trabajo se atribuyen a las cosas, a los productores de ese trabajo; la relación misma se les presenta de una manera fantástica, bajo la forma de cosas. Hemos visto que esta es una propiedad de específica de la producción de mercancías…Hodgskin ve en esto una ilusión puramente subjetiva, detrás de la cual se ocultan los engaños y los intereses de las clases explotadoras. No ve que la manera de presentación es un resultado de la relación real misma, y que la relación no es una expresión del modo de presentación sino a la inversa” ( Theorien über den Mehrwert , t. III, pp. 354-355).

Ficha 1
“…La teoría del fetichismo es, per se , la base de todo el sistema económica de Marx, y en particular de su teoría del valor. 

¿En qué consiste la teoría marxista del fetichismo, según las ideas generalmente aceptadas? Consiste en que Marx vio las relaciones humanas que subyacen en las relaciones entre las cosas, que reveló la ilusión en la conciencia humana que se originan en una economía mercantil y que asigna a las cosas características que tienen su origen en las relaciones sociales que establecen los hombres en el proceso de la producción. “Incapaz de comprender que la asociación de los hombres que trabajan en su batalla con la naturaleza, es decir, las relaciones sociales entre los hombres, se expresan en el intercambio, el fetichismo de la mercancía considera la intercambiabilidad de las mercancías como una propiedad interna, natural de las mercancías mismas…”

Ficha 2
“…En otras palabras, lo que es en realidad una relación entre hombres, aparece como una relación entre cosas, dentro del contexto del fetichismo de la mercancía” 6. “Las características que habían parecido misteriosas porque no se explicaban sobre la base delas relaciones entre los productores, se asignaban a la esencia natural de las mercancías. Así como el fetichista asigna características a su fetiche que no surgen de su naturaleza, así también el economista burgués considera la mercancía como una cosa sensorial que posee propiedades extrasensoriales” …”

Ficha 3
“…La teoría del fetichismo disipa de la mente de los hombres la ilusión, el grandioso engaño, que origina la apariencia de los fenómenos en la economía mercantil, y la aceptación de la apariencia (el movimiento de las cosas, de las mercancías y de su precio comercial) como la esencia de los fenómenos económicos. Sin embargo, esta interpretación, aunque generalmente aceptada en la literatura marxista, no agota, ni mucho menos el rico contenido de la teoría del fetichismo elaborada por Marx. Éste no sólo muestra que las relaciones humanas quedan veladas por las relaciones entre las cosas, sino también que, en la economía mercantil, las relaciones sociales adoptan la forma de cosas y no pueden ser expresadas sino mediante cosas.

Ficha 4
“…Marx descubrió las bases económicas objetivas que rigen el fetichismo de la mercancía. La ilusión y el error en la mente de los hombre transforma las categorías económicas cosificadas en “formas objetivas” (de pensamiento) de las relaciones de producción de un modo de producción históricamente determinado: la producción de mercancías (C., I, p. 38) 8. 
Ficha 5
“…Así, en la sociedad mercantil-capitalista, las personas entran en relaciones de producción directas exclusivamente como propietarios de mercancías, como propietarios de cosas . Por otra parte, como resultado de esto, las cosas adquieren características sociales particulares, una forma social particular. “Las cualidades sociales del trabajador” adquieren “carácter material”, y los objetos, “caracteres sociales”. (C., I, p. 54). En lugar de “relaciones sociales directas entre individuos que trabajan”, como las que se establecen en una sociedad con una economía organizada, aquí observamos “ relaciones materiales entre personas y relaciones sociales entre cosas ” (C., I p. 38).

Ficha 6
“…Esta “cristalización” de las formas sociales conducen a la “cristalización” de las formas sociales correspondientes entre cosas. La forma social dada es “aferrada”, fijada a una cosa, preservada dentro de ella aun cuando las relaciones de producción entre personas se interrumpan. Sólo a partir de este momento es posible fechar la aparición de la categoría material dada como separada de las relaciones de producción entre personas de las cuales surgió y a las cuales, a su vez, afecta. El “valor” aparece convertirse en una propiedad de la cosa con la que entra en el proceso de intercambio y que la cosa conserva cuando lo abandona. Lo mismo es cierto para el dinero, el capital y otras formas sociales de las cosas. Siendo consecuencias del proceso de producción, se convierten en sus requisitos. A partir de este punto la forma social dada del producto del trabajo no sólo sirve como “expresión” de determinado tipo de relaciones de producción entre los hombres, sino también como su “portadora”. La presencia de una cosa con una determinada forma social en manos de una cierta persona, la induce a entrar en determinadas relaciones de producción, y le infunde su particular carácter social. “La cosificación de las relaciones sociales de producción” entre personas se complementa ahora con la “personificación de cosas”…”

Ficha 7
“… Todo tipo de relación de producción que sea característico de una economía mercantil-capitalista atribuye una forma social capitalista a las cosas por las cuales y mediante las cuales las personas entran en esa relación. Esto conduce a la “cosificación” o “cristalización” de las relaciones de producción entre las personas. La cosa que está implicada en una determinada relación entre personas y que tiene una forma social correspondiente mantiene esta forma aunque la relación de producción dada concreta y particular se interrumpa . Sólo entonces la relación de producción entre las personas puede considerarse verdaderamente “cosificada”, es decir, “cristalizada” en la forma de una propiedad de la cosa, propiedad que parece pertenecer a la cosa misma y estar separada de la relación de producción...”

Ficha 8
“…De los dos aspectos del proceso de reproducción que hemos mencionado sólo el segundo, “la personificación de las cosas”, aparece en la superficie de la vida económica y puede ser observado directamente. Las cosas aparecen bajo una forma social ya elaborada que influye sobre las motivaciones y la conducta de los productores individuales. Este aspecto del problema se refleja directamente en la psiquis de los individuos y puede ser observado de manera directa. Es mucho más difícil rastrear el surgimiento de las formas sociales de las cosas a partir de las relaciones de producción entre las personas. Este aspecto del proceso, esto es, la “cosificación” de las relaciones de producción entre las personas, es el resultado heterogéneo de una masa de transacciones, de acciones humanas que se depositan unas sobre otras. Es el resultado de un proceso social que se produce “a sus espaldas”, es decir, un resultado no previsto de antemano como un fin. Sólo mediante un profundo análisis histórico y socio- económico Marx logró explicar este aspecto del proceso. Desde esta perspectiva, podemos comprender las diferencias que Marx estableció a menudo entre “la apariencia exterior”, la “conexión externa”, la “superficie de los fenómenos”, por un lado, y la “conexión interna”, la “conexión oculta”, la “conexión inmanente”, la “esencia de las cosas”, por el otro 16 . Marx reprochó a los economistas vulgares el limitarse a un análisis del aspecto externo de un fenómeno. Reprochó a Adam Smith el oscilar entre perspectivas “esotéricas” (internas) y “exotéricas” (externas).

Ficha 9
”. Los economistas vulgares sólo estudian las apariencias externas que son formas “enajenadas” de las relaciones económicas (C., III, p. 757), esto es, la forma objetiva, ya elaborada, de las cosas, sin captar su carácter social. Ven en el proceso de la “personificación” de las cosas que se produce en la superficie de la vida económica, pero no tienen idea alguna del proceso de “cosificación de las relaciones de producción” entre las personas. Consideran las categorías materiales como dadas, como “condiciones” ya existentes del proceso de producción que afectan los motivos de los productores y que se expresan en su conciencia; no examinan el carácter de esas categorías materiales como resultado del proceso social. Ignoran los procesos internos sociales, y se restringen a la “conexión externa entre las cosas, tal como esta conexión aparece en la competencia. En ésta, pues, todo aparece trastocado, y siempre se presenta en forma invertida” 18 . Así, las relaciones de producción entre las personas parecen depender de las formas sociales de las cosas, y no al revés…”

Ficha 10
“… Los economistas vulgares no comprenden que el proceso de “personificación de las cosas” sólo puede ser comprendido como resultado del proceso de “cosificación de las relaciones de producción entre las personas”, y consideran las características sociales de las cosas (el valor, el dinero, el capital, etc.) como características naturales que pertenecen a las cosas mismas. El valor, el dinero, etc., no son considerados como expresiones de relaciones humanas “vinculadas” a las cosas, sino como las características directas de las cosas mismas, características técnico-naturales de las cosas. Esta es la causa del fetichismo de la mercancía que caracteriza el pensamiento de los participantes en la producción, que se hallan limitados por el horizonte de la economía capitalista…”
Ficha 11
. El error de los economistas vulgares no reside en el hecho que prestan atención a las formas materiales de la economía capitalista, sino en que no ven su conexión con la forma social de la producción y no las hacen derivar de esta forma social sino de las propiedades naturales de las cosas. Los efectos de determinadas formas sociales del trabajo se atribuyen a las cosas, a los productores de ese trabajo; la relación misma se les presenta de una manera fantástica, bajo la forma de cosas. Hemos visto que esta es una propiedad de específica de la producción de mercancías…Hodgskin ve en esto una ilusión puramente subjetiva, detrás de la cual se ocultan los engaños y los intereses de las clases explotadoras.

RESUMEN INTERPRETATIVO

1.- La teoría del fetichismo en la base de la crítica de la economía política marxista y consiste en que Marx descubrió las relaciones que subyacen en la mercancía y su misticismo consiste en que en su intercambio, que posee como sustento las relaciones sociales, estas son asumidas como una propiedad interna suya, como  algo natural de la mercancía.

2.- Lo que es una relación entre los hombres aparecen como una relación entre cosas, su misterio viene dado porque se adscribe una condición natural a lo que es resultado de la relación social entre productores. Esto conduce a la “cosificación” de las relaciones de producción entre las personas. Se trata de  la “cosificación” o “cristalización” de las relaciones de producción entre las personas que se presenta con  la forma de una propiedad de la cosa, propiedad que parece pertenecer a la cosa misma.

3.- Marx descubrió las bases económicas objetivas que rigen el fetichismo de la mercancía y estableció  como iluso y erróneo  en la mente de los hombre, transformar las categorías económicas cosificadas en “formas objetivas”.

4.- En la sociedad mercantil-capitalista, las personas entran en relaciones de producción directas exclusivamente como propietarios de mercancías, como propietarios de cosas Esta “cristalización” de las formas sociales conducen a la “cristalización” de las formas sociales correspondientes entre cosas. La forma social dada es “aferrada”, fijada a una cosa, preservada dentro de ella … Lo mismo es cierto para el dinero, el capital y otras formas sociales de las cosas.

5.- Es difícil rastrear el surgimiento de las formas sociales de las cosas a partir de las relaciones de producción entre las personas. Este aspecto del proceso, esto es, la “cosificación” de las relaciones de producción entre las personas, es el resultado heterogéneo de una masa de transacciones, de acciones humanas que se depositan unas sobre otras. Sólo mediante un profundo análisis histórico y socio- económico Marx logró explicar este aspecto del proceso. Desde esta perspectiva, podemos comprender las diferencias que Marx estableció a menudo entre “la apariencia exterior”, la “conexión externa”, la “superficie de los fenómenos”, por un lado, y la “conexión interna”, la “conexión oculta”, la “conexión inmanente”, la “esencia de las cosas”.

6. Los economistas vulgares sólo estudian las apariencias externas que son formas “enajenadas” de las relaciones económicas, esto es, la forma objetiva, ya elaborada, de las cosas, sin captar su carácter social. Ven en el proceso de la “personificación” de las cosas que se produce en la superficie de la vida económica, pero no tienen idea alguna del proceso de “cosificación de las relaciones de producción” entre las personas. Este error no reside en el hecho que prestan atención a las formas materiales de la economía capitalista, sino en que no ven su conexión con la forma social de la producción y no las hacen derivar de esta forma social sino de las propiedades naturales de las cosas, la relación misma se les presenta de una manera fantástica, bajo la forma de cosas, esto es una ilusión puramente subjetiva, detrás de la cual se ocultan los engaños y los intereses de las clases explotadoras.

LECTURA COMPLEMENTARIA SOBRE LA CRÍTICA DEL FETICHISMO EN LA EPISTEMOLOGIA MARXISTA

Considerando la importancia de la crítica epistemológica hecha por Marx a los economistas burgueses, particularmente el empleo de categorías aparienciales y mistificadoras de la lógica del capital (como enmascaramiento de las relaciones de producción, la explotación del trabajo y su conversión ganancia) vamos a reseñar  otro ensayo donde se recoge una lectura de otros textos marxistas donde se  denuncia el encubrimiento del dominio del capital

Carlos Lanz Rodríguez “LA RECONVERSIÓN INDUSTRIAL EN EL NUEVO MODELO DE ACUMULACIÓN”. Ediciones Primera Línea. Caracas. Octubre 1990.

“Desde las lecturas sobre la obra marxista realizada en los años de prisión en el Cuartel San Carlos (1976-1984) he venido suscribiendo los aportes de  la crítica de la economía política, particularmente, la ruptura de Marx con lo que él denominó la “economía vulgar” o de sentido común..

Hacen varias décadas elaboramos un ensayo con esta crítica marxista  y hoy la reseñamos de nuevo por su vigencia teórica e histórica.

A.- El capital como fetichismo que encubre la génesis de la riqueza social.

Uno de los principales rasgos del proceso de mistificación del capital se encuentra en el hecho de que el trabajo vivo (la fuerza de trabajo del obrero, su energía física y psíquica) se presenta como fuerza propia del capital. El trabajo muerto o trabajo pretérito (cristalizado en los medios de producción y en el dinero, pero que ha sido precedido por una "acumulación originaria" de capital fundada en el pillaje, la extorsión, la usura, la guerra, etc.) en manos del burgués se enfrenta al trabajo vivo como capital, a pesar de que en su génesis está el trabajo no pagado. En tal sentido, el capital como relación social (no como "cosa") no es más que trabajo objetivado, pero sin embargo, aparece como si él portara una cualidad "ontológica" que le permite crear por si sólo la riqueza, autovalorizarse.

Al respecto dice Marx en los GRUNDRlSSE:
"El capital está realizado ahora no sólo como valor que se reproduce a si mismo y por tanto se auto perpetua, sino como valor que pone valor. A través de la absorción en sí mismo del tiempo de trabajo vivo, por un lado, y del movimiento de la circulación que le es propio (en el cual el movimiento del intercambio resulta puesto como el suyo propio, como proceso inmediato del trabajo objetivado) se comporta consigo mismo como lo que pone nuevo valor.

El capital se comporta ante la plusvalía como si fuera él su fundamento, como si lo hubiera creado,(...)"( ²)[...] el proceso de producción inmediato toma la forma del poder productivo del capital, que ya no puede reconocerse como el poder productivo del trabajo

 Para Marx este proceso donde el capital aparece como el "valor que pone valor" está signado por una Inversión: el predicado aparece como sujeto, es decir, el capital siendo un producto de la plusvalía, (resultado del proceso de valorización donde el obrero restituye el valor del salario y produce trabajo excedente) aparece como el factor generador del proceso.

De allí que Marx también señale en EL CAPITAL lo siguiente:
"(...) De este modo la extorsión de trabajo sobrante pierde su carácter específico; su relación especifica con la plusvalía se oscurece, y a facilitar este resultado contribuye, como se puso de manifiesto en el Libro I, IV, el hecho de que el valor de la fuerza de trabajo se exponga bajo la forma de salario. La relación del capital se mistifica al presentar a todas sus partes por igual como valor remanente (ganancia).
El modo como la plusvalía se convierte en la forma de ganancia mediante la transición a través _ de la cuota de ganancia, no es sino la prolongación de la inversión sujeto y objeto operada ya durante el proceso de producción. De allí veíamos como todas las fuerzas productivas del trabajo se presentaban como fuerzas productivas del capital (...) Y esta relación invertida hace surgir necesariamente, ya en el plano de las simples relaciones de producción: una idea invertida congruente, una conciencia transpuesta, que los cambios y modificaciones del verdadero proceso de circulación se encargan de desarrollar",

En estas líneas Marx señala en primer lugar, como la extorsión del trabajo queda oscurecida en la relación salarial. La especificidad de la explotación desaparece y se encubre la relación capitalista a través de la inversión sujeto-objeto.

Esta relación invertida en el proceso de circulación, hace surgir también una idea y una conciencia invertida, es decir, para el "sentido común"  que aparece en la superficie es que toda ganancia es un valor remanente que surge en el intercambio, ficción ésta que el proceso de circulación se encarga de desarrollar.

Abundando en esta última cuestión, Marx dice:
"(...)Pero como la concurrencia, y por tanto, en la conciencia de sus agentes, todo se presenta invertido, también aparece invertida esta ley, es decir, esta conexión íntima y necesaria entre dos cosas que aparentemente se contradicen(...) Todo esto responde a un desconocimiento de lo que es la cuota general de ganancia y a la idea burda de que los precios se determinan en realidad por el recargo de una cuota más o menos arbitraria de ganancia sobre el valor de las mercancías. Pero estas ideas, a pesar de lo burdas que son, brotan necesariamente de la inversión que las leyes inmanentes de la producción capitalistas sufren dentro del mundo de la concurrencia. "

Las ideas burdas que surgen en el mercado, en la compra-venta de mercancías, hacen ver que la ganancia es un recargo que se le hace al valor de los bienes, de tal forma que no hay "rastros" de su verdadero origen.

En otro texto, TEORlA DE LA PLUSVALIA, Marx establece un enlace entre el enfoque de la economía vulgar y el proceso de mistificación del capital:

"Tal como los economistas vulgares lo conciben, es pues, el interés y no la ganancia el que brota como una plasmación de valor del capital de por si, de la mera propiedad del capital, como una renta especifica derivada de éste. Desaparece todo resto de intermediarios: es pues, el fetichismo completo (..)"

"Desde el punto de vista de la economía vulgar, que pretende hacer pasar el capital como la fuente sustantiva del valor, esta es una fórmula perfecta, una fórmula en que las fuentes de la ganancia pierden toda fisonomía y en la que el resultado del proceso capitalista reviste una existencia independiente, desligado del proceso mismo (…)"

Ahora en otro nivel que ya no son los precios o la ganancia, sino que es el interés, aparece de nuevo el proceso de inversión: el interés brota del capital no se sabe por qué arte de magia, como una renta derivada de si mismo, desapareciendo toda mediación con la esfera de la producción, se trata de un fetichismo completo que le viene al pelo a los agentes ideológicos de la burguesía: el capital es la fuente sustantiva del valor, no hay por tanto explotación ni extorsión del trabajo, sino que lo que existida seda un régimen de libertad, justicia e igualdad. La ganancia se convierte en un premio a la libre iniciativa y al riesgo, una especie de remuneración al ahorro y al esfuerzo personal del capitalista. De allí que el fetichismo no sea tan inocente, y como veremos a continuación, tal percepción de la economía está en sintonía con los intereses ideológicos de la clase dominante.

b.- Papel de las relaciones aparenciales en esta mistificación del capital.
Para Marx todo del proceso que examinamos anteriormente está cruzado por un velo apariencial, siendo en tal sentido una realidad que no es evidente a simple vista, no es transparente a la percepción sensorial. Así encontramos el enmascaramiento de un conjunto de relaciones: entre la extorsión del trabajo y el salario, entre la plusvalía y la ganancia, entre la ganancia y el interés. Tales encubrimientos nublan el tejido social e histórico de las relaciones de producción capitalista.

Este proceso de "mistificación" del capital tiene que ver con la supeditación del análisis a la esfera de la circulación, de la distribución y el intercambio. En esta superficie de la realidad económica no se puede encontrar más que "apariencias", conduciendo a los capitalistas y sus agentes ideológicos al más burdo empirismo:

 "(…)esta confusión de los teóricos revela mejor que nada como el capitalista práctico prisionero de la lucha de la competencia e imposibilitado para ahondar en modo alguno debajo de la superficie de sus fenómenos, tiene que sentirse incapaz para captar a través de las apariencias la verdadera esencia interior y la estructura interna de este proceso"

Ahora bien, en este caso no tan sólo se trata de un obstáculo que confrontan los burgueses en el proceso de conocimiento, sino que tal error, omisión o escamoteo epistemológico, es funcional al interés de justificar la dominación, de legitimar el lucro y la ganancia fundada en la explotación del trabajo. De tal forma que el hecho de que no se trascienda la apariencia, el nivel del dato empírico, la sacralización de la apariencia inmediata, no es un problema de "neutralidad axiológica", de objetividad científica. Los intereses de clase ocultan todo nexo o articulación del proceso de producción, y en tal sentido existe un esfuerzo por:

- "que a nivel de la fábrica, el proceso de trabajo sea concebido como un proceso "natural" o como un hecho tecnológico, sin considerar su articulación con el "proceso de valorización".

- que el salario siga mistificando la relación entre el trabajo necesario y el  trabajo excedente.

- que la mercancía haga aparecer invertida la relación social, desapareciendo la distinción entre trabajo abstracto y trabajo concreto.

- que el dinero y el interés aparezcan automatizados, como dinero que crea dinero, y no como metamorfosis del trabajo cristalizado, riqueza abstracta que es generada por el trabajo"

Tal esfuerzo de encubrimiento y de apología por parte de los agentes Ideológicos burgueses es lo que justifica que nos veamos Inexcusablemente comprometidos a Investigar y debatir con seriedad, develando tales relaciones aparenciales, pues de lo contrario estaríamos bajo la supeditación de tales mistificaciones y por ende ayudando en la preservación del dominio del capital, facilitándole su legitimación ético-política.

E/Carlos Lanz Rodriguez

14 de Noviembre de 2014

viernes, 7 de noviembre de 2014


 IMPLICACIONES DEL FETICHISMO DE LA MERCANCIA

AVANCES DEL PROCESO INVESTIGATIVO

Ejecutando el Programa investigativo - formativo sobre  la “LOGICA DEL CAPITAL Y LA TRANSICION SOCIALISTA”, hemos comenzando con lecturas las cuales se convierten en herramientas imprescindibles en la autoformación y en la  realización del taller - seminario sobre el FETICHISMO DE LA MERCANCIA , es decir, para alcanzar el objetivo pedagógico del taller se requiere de la lectura, reflexión y discusión previa.

En tal sentido, se socializaron las orientaciones básicas para el trabajo en círculo de lectura (individual, con pares o equipos) y se avanzó en la concreción de las metas organizativas planteadas anteriormente:

1.- En relación de la didáctica de la lectura interpretativa, reiteramos algunos pasos que contemplan: la revisión global del material asignado, continuar con el subrayado con los tópicos más relevantes, elaborar  fichas y realizar una  puesta en común del resumen interpretativo con pares o en equipo

2.- Tomando en consideración las dificultades que se presentan para las lecturas, donde destacan las múltiples ocupaciones, la falta de hábitos de estudio sistemático y la complejidad de la temática, hemos realizado consultas con algunos de los involucrados en esta fase inicial de la lectura, acordando una estrategia flexible para la misma, estableciendo un mínimum común:

* Leer por los menos entre 5 y 8 páginas  semanales, dedicándole entre 2  horas a la  revisión de la bibliografía asignada ( Texto de Marx, materiales de apoyo, consulta a diccionarios, revisión de un micro sobre el tema, el  que puede bajarse de Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=ITuk7AHPOsY)

3.- El taller presencial se va a realizar el 3 de Diciembre de 2014 en los salones de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) sede de Caracas, a partir de las 8 y 30 AM.

 En el mismo participaran como ponentes, los siguientes especialistas invitados:

-- José Félix Rivas, economista del Banco Central de Venezuela, quien trabajará lo relativo al fetichismo de la mercancía y la enajenación del trabajo.

-- Soc. Luis Damiani, profesor de la UCV, quien expondrá sobre el fetichismo de la mercancía y la epistemología marxista

-- Prof. Pablo Jiménez, director del Programa de Formación de Economía Política de la UBV, quien disertará sobre el proceso de trabajo en Marx.

4.- Las lecturas, sus discusión y socialización, la haremos inicialmente por correo, combinando otras herramientas de Internet. En tal sentido, proponemos tener como referencia para el envió  y recibo de información, el día viernes de cada semana en el horario comprendido entre 8 y 10 PM utilizando el correo:

encuentromarxistacritico.@gmail.com.

5.- En el taller presencial, por razones pedagógicas, logísticas y de espacio, van a existir restricciones para asistir, ya que no es un evento abierto ni masivo.

Una de las condiciones exigidas para participar en el taller es haber realizado las lecturas y presentado una ficha técnica o resumen de las mismas. Por ello vamos establecer inscripciones previas, quedando abierta la misma hasta el 25 de noviembre. Este mecanismo nos a permitir establecer una especie de cupos por regiones y colectivos.

6.- A continuación presentamos un  ejemplo de la sistematización de la lectura interpretativa-comprensiva, aplicando las orientaciones educativas y didácticas que hemos sugerido como técnicas de estudio:

 A .- Lectura global,
B.-  Subrayado,
C.-Fichaje,
D.-Resumen interpretativo.

Estos procedimientos y su secuencia, no es una prescripción   mecánica, por lo tanto, su desarrollo está sujeto a las capacidades, saberes previos y condiciones concretas de cada participante.

El primer aspecto, tiene que ver con la lectura rápida  y global del texto la cual nos permite tener una mirada del contenido y su complejidad .
Posteriormente, ejecutamos los pasos recomendado como B,C y D

Veamos a continuación los últimos tres procesos:

B.- Subrayado

En este caso, colocamos como referencia la lectura de 7 páginas del texto de  Carlos Marx El capital: Crítica de la Economía Política, Tomo I. México: Fondo de Cultura Económica.El fetichismo de la mercancía y su secreto, subrayando lo que nos interesa resaltar, destacar:

 “A primera vista, parece como si las mercancías fuesen objetos evidentes y triviales. Pero, analizándolas, vemos, que son objetos muy intrincados, llenos de sutilezas metafísicas y de resabios teológicos. Considerada como valor de uso, la mercancía no encierra nada de misterioso, dando lo mismo que la contemplemos desde el punto de vista de un objeto apto para satisfacer necesidades del hombre o que enfoquemos esta propiedad suya como producto del trabajo humano. Es evidente que la actividad del hombre hace cambiar a las materias naturales de forma, para servirse de ellas. La forma de la madera, por ejemplo, cambia al convertirla en una mesa. No obstante, la mesa sigue siendo madera, sigue siendo un objeto físico vulgar y corriente. Pero en cuanto empieza a comportarse como mercancía, la mesa se convierte en un objeto físicamente metafísico. No sólo se incorpora sobre sus patas encima del suelo, sino que se pone de cabeza frente a todas las demás mercancías, y de su cabeza de madera empiezan a salir antojos mucho más peregrinos y extraños que si de pronto la mesa rompiese a bailar por su propio impulso. 28      Como vemos, el carácter místico de la mercancía no brota de su valor de uso. Pero tampoco brota del contenido de sus determinaciones de valor. En primer lugar, porque por mucho que difieran los trabajos útiles o actividades productivas, es una verdad fisiológica incontrovertible que todas esas actividades son funciones del organismo humano y que cada una de ellas, cualesquiera que sean su contenido y su forma, representa un gasto esencial de cerebro humano, de nervios, músculos, sentidos, etc. En segundo lugar, por lo que se refiere a la magnitud de valor y a lo que sirve para determinarla, o sea, la duración en el tiempo de aquel gasto o la cantidad de trabajo invertido, es evidente que la cantidad se distingue incluso mediante los sentidos de la calidad del trabajo. El tiempo de trabajo necesario para producir sus medios de vida tuvo que interesar por fuerza al hombre en todas las épocas, aunque no le interesase por igual en las diversas fases de su evolución. 29 Finalmente, tan pronto como los hombres trabajan los unos para los otros, de cualquier modo que lo hagan, su trabajo cobra una forma social. ¿De dónde procede, entonces, el carácter misterioso que presenta el producto del trabajo, tan pronto como reviste forma de mercancía? Procede, evidentemente, de esta misma forma. En las mercancías, la igualdad de los trabajos humanos asume la forma material de una objetivación igual de valor de los productos del trabajo, el grado en que se gaste la fuerza humana de trabajo, medido por el tiempo de su duración, reviste la forma de magnitud de valor de los productos del trabajo, y, finalmente, las relaciones entre unos y otros productores, relaciones en que se traduce la función social de sus trabajos, cobran la forma de una relación social entre los propios productos de su trabajo. El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores. Este quid pro quo es lo que convierte a los productos de trabajo en mercancía, en objetos físicamente metafísicos o en objetos sociales. Es algo así como lo que sucede con la sensación luminosa de un objeto en el nervio visual, que parece como si no fuese una excitación subjetiva del nervio de la vista, sino la forma material de un objeto situado fuera del ojo. Y, sin embargo, en este caso hay realmente un objeto, la cosa exterior, que proyecta luz sobre otro objeto, sobre el ojo. Es una relación física entre objetos físicos. En cambio, la forma mercancía y la relación de valor de los productos del trabajo en que esa forma cobra cuerpo, no tiene absolutamente nada que ver con su carácter físico ni con las relaciones materiales que de este carácter se derivan. Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres. Por eso, si queremos encontrar una analogía a este fenómeno, tenemos que remontarnos a las regiones nebulosas del mundo de la religión, donde los productos de la mente humana semejan seres dotados de vida propia, de existencia independiente, y relacionados entre sí y con los hombres. Así acontece en el mundo de las mercancías con los productos de la mano del hombre. A esto es a lo que yo llamo el fetichismo bajo el que se presentan los productos del trabajo tan pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable, por consiguiente, de este modo de producción. Este carácter fetichista del mundo de las mercancías responde, como lo ha puesto ya de manifiesto el análisis anterior, al carácter social genuino y peculiar del trabajo productor de mercancías. Si los objetos útiles adoptan la forma de mercancías es, pura y simplemente, porque son productos de trabajos privados independientes los unos de los otros. El conjunto de estos trabajos privados forma el trabajo colectivo de la sociedad. Como los productores entran en contacto social al cambiar entre sí los productos de su trabajo, es natural que el carácter específicamente social de sus trabajos privados sólo resalte dentro de este intercambio. También podríamos decir que los trabajos privados sólo funcionan como eslabones del trabajo colectivo de la sociedad por medio de las relaciones que el cambio establece entre los productos del trabajo y, a través de ellos, entre los productores. Por eso, ante éstos, las relaciones sociales que se establecen entre sus trabajos privados aparecen como lo que son; es decir, no como relaciones directamente sociales de las personas en sus trabajos, sino como relaciones materiales entre personas y relaciones sociales entre cosas. Es en el acto de cambio donde los productos del trabajo cobran una materialidad de valor socialmente igual e independiente de su múltiple y diversa materialidad física de objetos útiles. Este desdoblamiento del producto del trabajo en objeto útil y materialización de valor sólo se presenta prácticamente allí donde el cambio adquiere la extensión e importancia suficientes para que se produzcan objetos útiles con vistas al cambio, donde, por tanto, el carácter de valor de los objetos se acusa ya en el momento de ser producidos. A partir de este instante, los trabajos privados de los productores asumen, de hecho, un doble carácter social. De una parte, considerados como trabajos útiles concretos, tienen necesariamente que satisfacer una determinada necesidad social y encajar, por tanto, dentro del trabajo colectivo de la sociedad, dentro del sistema elemental de la división social del trabajo. Mas, por otra parte, sólo serán aptos para satisfacer las múltiples necesidades de sus propios productores en la medida en que cada uno de esos trabajos privados y útiles concretos sea susceptible de ser cambiado por cualquier otro trabajo privado útil, o lo que es lo mismo, en la medida en que represente un equivalente suyo. Para encontrar la igualdad toto coelo(13) de diversos trabajos, hay que hacer forzosamente abstracción de su desigualdad real, reducirlos al carácter común a todos ellos como desgaste de fuerza humana de trabajo , como trabajo humano abstracto. El cerebro de los productores privados se limita a reflejar este doble carácter social de sus trabajos privados en aquellas formas que revela en la práctica el mercado, el cambio de productos: el carácter socialmente útil de sus trabajos privados, bajo la forma de que el producto del trabajo ha de ser útil, y útil para otros; el carácter social de la igualdad de los distintos trabajos, bajo la forma del carácter de valor común a todos esos objetos materialmente diversos que son los productos del trabajo. Por tanto, los hombres no relacionan entre sí los productos de su trabajo como valores porque estos objetos les parezcan envolturas simplemente materiales de un trabajo humano igual. Es al revés. Al equiparar unos con otros en el cambio, como valores, sus diversos productos, lo que hacen es equiparar entre sí sus diversos trabajos, como modalidades de trabajo humano. No lo saben, pero lo hacen. 30 Por tanto, el valor no lleva escrito en la frente lo que es. Lejos de ello, convierte a todos los productos del trabajo en jeroglíficos sociales. Luego, vienen los hombres y se esfuerzan por descifrar el sentido de estos jeroglíficos, por descubrir el secreto de su propio producto social, pues es evidente que el concebir los objetos útiles como valores es obra social suya , ni más ni menos que el lenguaje. El descubrimiento científico tardío de que los productos del trabajo , considerados como valores, no son más que expresiones materiales del trabajo humano invertido en su producción, es un descubrimiento que hace época en la historia del progreso humano, pero que no disipa ni mucho menos la sombra material que acompaña al carácter social del trabajo. Y lo que sólo tiene razón de ser en esta forma concreta de producción, en la producción de mercancías, a saber: que el carácter específicamente social de los trabajos privados independientes los unos de los otros reside en lo que tienen de igual como modalidades que son de trabajo humano, revistiendo la forma del carácter de valor de los productos del trabajo, sigue siendo para los espíritus cautivos en las redes de la producción de mercancías, aun después de hecho aquel descubrimiento, algo tan perenne y definitivo como la tesis de que la descomposición científica del aire en sus elementos deja intangible la forma del aire como forma física material. Lo que ante todo interesa prácticamente a los que cambian unos productos por otros, es saber cuántos productos ajenos obtendrán por el suyo propio, es decir, en qué proporciones se cambiarán unos productos por otros. Tan pronto como estas proporciones cobran, por la fuerza de la costumbre, cierta fijeza, parece como si brotasen de la propia naturaleza inherente a los productos del trabajo; como si, por ejemplo, 1 tonelada de hierro encerrase el mismo valor que 2 onzas de oro, del mismo modo que 1 libra de oro y 1 libra de hierro encierran un peso igual, no obstante sus distintas propiedades físicas y químicas. En realidad, el carácter de valor de los productos del trabajo sólo se consolida al funcionar como magnitudes de valor. Estas cambian constantemente, sin que en ello intervengan la voluntad, el conocimiento previo ni los actos de las personas entre quienes se realiza el cambio. Su propio movimiento social cobra a sus ojos la forma de un movimiento de cosas bajo cuyo control están, en vez de ser ellos quienes las controlen. Y hace falta que la producción de mercancías se desarrolle en toda su integridad, para que de la propia experiencia nazca la conciencia científica de que los trabajos privados que se realizan independientemente los unos de los otros, aunque guarden entre sí y en todos sus aspectos una relación de mutua interdependencia, como eslabones elementales que son de la división social del trabajo, pueden reducirse constantemente a su grado de proporción social, porque en las proporciones fortuitas y sin cesar oscilantes de cambio de sus productos se impone siempre como ley natural reguladora el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción, al modo como se impone la ley de la gravedad cuando se le cae a uno la casa encima. 31 La determinación de la magnitud de valor por el tiempo de trabajo es, por tanto, el secreto que se esconde detrás de las oscilaciones aparentes de los valores relativos de las mercancías. El descubrimiento de este secreto destruye la apariencia de la determinación puramente casual de las magnitudes de valor de los productos del trabajo, pero no destruye, ni mucho menos, su forma material.  La reflexión acerca de las formas de la vida humana, incluyendo por tanto el análisis científico de ésta, sigue en general un camino opuesto al curso real de las cosas. Comienza post festum y arranca, por tanto, de los resultados preestablecidos del proceso histórico."

C.-Fichaje

“…parece como si las mercancías fuesen objetos evidentes y triviales. Pero, analizándolas, vemos, que son objetos muy intrincados, llenos de sutilezas metafísicas y de resabios teológicos…” (Ficha 1.ob cit, pag xx)

“…Pero en cuanto empieza a comportarse como mercancía, la mesa se convierte en un objeto físicamente metafísico. No sólo se incorpora sobre sus patas encima del suelo, sino que se pone de cabeza frente a todas las demás mercancías, y de su cabeza de madera empiezan a salir antojos mucho más peregrinos y extraños que si de pronto la mesa rompiese a bailar por su propio impulso. 28      Como vemos, el carácter místico de la mercancía no brota de su valor de uso. Pero tampoco brota del contenido de sus determinaciones de valor…” (Ficha 2)

El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores. Este quid pro quo es lo que convierte a los productos de trabajo en mercancía, en objetos físicamente metafísicos o en objetos sociales…” (Ficha 3)

“… Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres. Por eso, si queremos encontrar una analogía a este fenómeno, tenemos que remontarnos a las regiones nebulosas del mundo de la religión, donde los productos de la mente humana semejan seres dotados de vida propia, de existencia independiente, y relacionados entre sí y con los hombres. Así acontece en el mundo de las mercancías con los productos de la mano del hombre. A esto es a lo que yo llamo el fetichismo bajo el que se presentan los productos del trabajo tan pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable, por consiguiente, de este modo de producción. Este carácter fetichista del mundo de las mercancías responde, como lo ha puesto ya de manifiesto el análisis anterior, al carácter social genuino y peculiar del trabajo productor de mercancías. Si los objetos útiles adoptan la forma de mercancías es, pura y simplemente, porque son productos de trabajos privados independientes los unos de los otros…” (Ficha 4)

“…Por eso, ante éstos, las relaciones sociales que se establecen entre sus trabajos privados aparecen como lo que son; es decir, no como relaciones directamente sociales de las personas en sus trabajos, sino como relaciones materiales entre personas y relaciones sociales entre cosas. Es en el acto de cambio donde los productos del trabajo cobran una materialidad de valor socialmente igual e independiente de su múltiple y diversa materialidad física de objetos útiles. Este desdoblamiento del producto del trabajo en objeto útil y materialización de valor sólo se presenta prácticamente allí donde el cambio adquiere la extensión e importancia suficientes para que se produzcan objetos útiles con vistas al cambio…” (Ficha 5)
“… considerados como trabajos útiles concretos, tienen necesariamente que satisfacer una determinada necesidad social y encajar, por tanto, dentro del trabajo colectivo de la sociedad, dentro del sistema elemental de la división social del trabajo. Mas, por otra parte, sólo serán aptos para satisfacer las múltiples necesidades de sus propios productores en la medida en que cada uno de esos trabajos privados y útiles concretos sea susceptible de ser cambiado por cualquier otro trabajo privado útil, o lo que es lo mismo, en la medida en que represente un equivalente suyo. Para encontrar la igualdad toto coelo(13) de diversos trabajos, hay que hacer forzosamente abstracción de su desigualdad real, reducirlos al carácter común a todos ellos como desgaste de fuerza humana de trabajo , como trabajo humano abstracto…(Ficha 6)

“…los hombres no relacionan entre sí los productos de su trabajo como valores porque estos objetos les parezcan envolturas simplemente materiales de un trabajo humano igual. Es al revés. Al equiparar unos con otros en el cambio, como valores , sus diversos productos , lo que hacen es equiparar entre sí sus diversos trabajos, como modalidades de trabajo humano. No lo saben, pero lo hacen. 30 Por tanto, el valor no lleva escrito en la frente lo que es. Lejos de ello, convierte a todos los productos del trabajo en jeroglíficos sociales. Luego, vienen los hombres y se esfuerzan por descifrar el sentido de estos jeroglíficos, por descubrir el secreto de su propio producto social, pues es evidente que el concebir los objetos útiles como valores es obra social suya , ni más ni menos que el lenguaje. El descubrimiento científico tardío de que los productos del trabajo , considerados como valores, no son más que expresiones materiales del trabajo humano invertido en su producción, es un descubrimiento que hace época en la historia del progreso humano, pero que no disipa ni mucho menos la sombra material que acompaña al carácter social del trabajo…” (Ficha 7)

“…Y hace falta que la producción de mercancías se desarrolle en toda su integridad, para que de la propia experiencia nazca la conciencia científica de que los trabajos privados que se realizan independientemente los unos de los otros, aunque guarden entre sí y en todos sus aspectos una relación de mutua interdependencia, como eslabones elementales que son de la división social del trabajo, pueden reducirse constantemente a su grado de proporción social, porque en las proporciones fortuitas y sin cesar oscilantes de cambio de sus productos se impone siempre como ley natural reguladora el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción, al modo como se impone la ley de la gravedad cuando se le cae a uno la casa encima. 31 La determinación de la magnitud de valor por el tiempo de trabajo es, por tanto, el secreto que se esconde detrás de las oscilaciones aparentes de los valores relativos de las mercancías. El descubrimiento de este secreto destruye la apariencia de la determinación puramente casual de las magnitudes de valor de los productos del trabajo, pero no destruye, ni mucho menos, su forma material.        La reflexión acerca de las formas de la vida humana, incluyendo por tanto el análisis científico de ésta, sigue en general un camino opuesto al curso real de las cosas. Comienza post festum y arranca, por tanto, de los resultados preestablecidos del proceso histórico…”
(Ficha 8)

D.-Resumen interpretativo.

De los anteriores párrafos o fichas  del texto de Marx, podemos hacer el siguiente cuadro  resumen:

1.- Pareciera que las mercancías son objetos evidentes y  triviales. Pero, analizándolas, vemos, que son objetos muy intrincados, llenos de sutilezas metafísicas y de resabios teológicos.
2.- La mercancía se  convierte en un objeto físicamente metafísico. empiezan a salir antojos mucho más peregrinos y extraños
3.- La mercancía posee un carácter misterioso cuando  los trabajos humanos asumen la forma material de una objetivación El trabajo  como relación social adopta la forma de relación entre cosas
4.-Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres.
5.- Para encontrar una analogía a este fenómeno, tenemos que remontarnos a las regiones nebulosas del mundo de la religión, donde los productos de la mente humana semejan seres dotados de vida propia y esto último  lo que Marx llama   fetichismo.
6.- Las mercancías en el cambio, como valores, lo que hacen es equiparar entre sí sus diversos trabajos, como modalidades de trabajo humano. No lo saben, pero lo hacen. Estas  relaciones de producción. refuerza la apariencia objetiva  de las mercancías, por eso los productores no tienen  claro lo que están haciendo. El valor no lleva escrito en la frente lo que es. Lejos de ello, convierte a todos los productos del trabajo en jeroglíficos sociales.
Este tipo de resumen puede enriquecerse con algunas precisiones extraídas de diccionarios especializado, como por ejemplo el de Nestor Kohan (“Diccionario básico de categorías marxistas” Publicado en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=3920)

En este diccionario, el autor sintetiza algunas categorías marxista asociadas al proceso de fetichización:

“ * Mercancía: Forma social que adquieren los productos del trabajo humano en la sociedad mercantil capitalista. Un objeto es mercancía si además de tener valor de uso (utilidad) posee valor. Sólo es mercancía lo que se produce para vender, no para consumir directamente...”

“* Fetichismo: Proceso derivado de las relaciones sociales mercantiles capitalistas. Se genera a partir de la sociabilidad indirecta del trabajo humano cuando éste se produce en condiciones de mercado. Si hay fetichismo no hay control racional de la producción ni planificación. El fetichismo genera la personificación de las cosas —vueltas autónomas y hostiles contra sus creadores— y la cosificación de los seres humanos.”

“* Dinero: No es una cosa ni un objeto “mágico”. Constituye una relación social de producción. Representa el equivalente general en el cual se refleja el mundo entero de las mercancías. Como equivalente, el dinero se independiza de la relación social de valor y se vuelve autónomo. Se convierte en un sujeto dotado de vida propia. Se transforma en un fetiche…”

“* Trabajo abstracto: Trabajo social global que en la sociedad capitalista genera valor. Dimensión cualitativa de la teoría del valor, estrechamente ligada a la teoría del fetichismo. Característica que asume el trabajo humano cuando su sociabilidad es indirecta y está mediada por el mercado y el equivalente general. Principal descubrimiento teórico de Marx en su crítica de la economía política.”

“*Alienación [=enajenación]: Proceso histórico-social en el cual el producto del trabajo humano se independiza, se vuelve autónomo, escapa al control racional y termina siendo hostil contra su creador. Aunque Marx los utiliza como sinónimos, etimológicamente “alienación” tiene un origen psicológico y “enajenación” económico. Hegel define “alienación” como “otro distinto de sí mismo”. En Hegel su contenido no es negativo. En Marx, sí. Además de una pérdida, expresa el desgarramiento, la escisión y la fragmentación del ser humano. Algo está alienado o enajenado cuando ya no nos pertenece.”

El ejemplo anterior, donde describimos algunos procedimientos para el aprendizaje asociados a la lectura interpretativa, será un curso de acción permanente a lo largo del programa investigativo “LA LOGICA DEL CAPITAL Y LA TRANSICION SOCIALISTA” donde vamos a realizar una serie de talleres - seminarios que involucra estudiar  autores por ejes temáticos, acompañado de lecturas complementarias o de apoyo. Todo este  proceso está  orientado por una de las premisas de la pedagogía crítica, que más que dar recetas, plantea la búsqueda de la meta-cognición: aprender a aprender.

E/Carlos Lanz Rodríguez

07/11/2014

martes, 4 de noviembre de 2014



EL LEGADO ANTI-CAPITALISTA DEL CMDTE CHÁVEZ Y LOS APORTES DE  ISTVAN MESZAROS

         Carlos Lanz Rodríguez 

“ No debemos Permitir que se instale la obscena división jerárquico social del trabajo. No que hay un gerente que anda con corbata, aire acondicionado, chofer, un super sueldo y los demás son obreros. Ese es el capitalismo, compadre, cuidado.
                                                                                                    Hugo  Chávez

           Consejo de Ministros. Miraflores 26  de Octubre de 2012

En el legado anti-capitalista del Cmdt. Chávez, se destaca su planteamiento estratégico de suprimir radicalmente la LÓGICA DEL CAPITAL, tal como lo definió en la PRESENTACION ante el CNE del Programa de la Patria en el año 2012.

La caracterización de esta lógica del capital, como relación de producción, en diversos materiales la hemos puntualizado como proceso donde predomina:

1.- La apropiación privada del trabajo social
2.- La mercantilización y enajenación de todas las relaciones humanas
3.- La división social del trabajo, con la separación del trabajo intelectual del manual, jerarquía y monopolio del saber.

Igualmente hemos señalado que esta última relación de producción (la división social del trabajo capitalista) ha sido ignorada o subestimada en los procesos de transición al socialismo históricamente conocidos: URSS, China, Cuba, siendo una de las causas que puede ser ubicada como determinante en la reproducción de la dominación, haciendo fracasar dichas experiencias y restaurando la lógica del capital en el llamado socialismo real.

En tal sentido, el Socialismo Bolivariano del Siglo XXI, tiene necesariamente que evaluar tanto los aspectos teóricos como históricos del llamado socialismo del Siglo XX, destacándose en esa dirección, el análisis crítico de la perpetuación de la división social del trabajo capitalista en el periodo de transición.

Uno de los autores que apunta a esa tarea de reconstrucción crítica es Istvan Mészáros, quien en su trabajo “Más allá del capital.”  Hacia una teoría de la transición.  (Vadell  Hermanos Editores,CA. Caracas .Julio de 2001) nos describe los límites de la transformación cuando no se asume la superación de la división social del trabajo capitalista.

Meszaros, en la citada obra, en su capítulo 19 que lleva por título EL SISTEMA COMUNAL Y LA LEY DEL VALOR, nos plantea lo siguiente:

 “  Dado que el objetivo de la emancipación socialista es la superación radical  de la división social jerárquica del trabajo heredada, importa muchísimo como pueden las formas de mediación material transicionales emprender de manera efectiva la tarea de reestructurar el marco metabólico de la sociedad posrevolucionaria. Porque un fracaso en la progresiva puesta bajo control de las fuerzas que continúan reproduciendo los inicuos parámetros estructurales de la toma de decisiones  jerárquicas legada por el pasado, condena  al proyecto socialista, en el mejor de los casos, al estancamiento si no a la recesión y la involución. En  verdad, aunque se siga adelante sin decir que la división social del trabajo no puede ser simplemente abolida por ningún acto del gobierno, por bien intencionado que sea, seguirá   igualmente es cierto que en un sentido muy profundo el patrón de medición de los logros socialistas es hasta qué grado las medidas y políticas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo SUSTANCIALMENTE democrático ( es decir, verdaderamente no jerárquico en su modo de operación en las esferas )de control social y autogetión general. Por consiguiente, no hay forma que las opiniones de un pensador socialista acerca de la división del trabajo resulten prescindibles”. ( ob cit,pag 851)

En este párrafo, Mészáro resume el criterio de evaluación de la política  a emplear   de la transición,  estableciendo el siguiente patrón:

n  Hasta qué grado las medidas y políticas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo SUSTANCIALMENTE democrático ( es decir, verdaderamente no jerárquico en su modo de operación en las esferas ) de control social y autogestión general.

n  Un fracaso en la progresiva puesta bajo control de las fuerzas que continúan reproduciendo los inicuos parámetros estructurales de la toma de decisiones jerárquicas legada por el pasado, condena  al proyecto socialista, en el mejor de los casos, al estancamiento si no a la recesión y la involución.

n  Por eso, nos resalta Mészaro, no hay forma que las opiniones de un pensador socialista acerca de la división del trabajo resulten prescindibles, es decir, no se puede obviar ni escamotear dicha problemática

En este punto crítico de la transición socialista, el Cmdte Chávez reivindica los aportes de Mészáro, citándo el referido párrafo que reseñamos con anterioridad, el cual trae a colación en diversos  momentos.

Por ejemplo, en el “ALÓ, PRESIDENTE”, programa Nº 335   Comuna Indio Rangel. La Victoria, Estado Aragua .Domingo, 12 de julio de 2009, en una forma muy coloquial ubica la problemática trabajada por Mészáro:

“Hay un capítulo ahí de lo comunal, ¿tú lo leíste Érika?, aquí está, aquí lo tengo yo  marcado, lo estoy releyendo, el tema comunal, por aquí está, el capítulo 19: “El sistema comunal y la Ley del valor.” Pronto vendrá Mészáros, porque ha  recibido en justicia el Premio Libertador, el pensamiento crítico, y debe venir…”

“ Fíjate lo que dice aquí, aquí hay una frase que yo la  subrayé en amarillo, fíjate esto: “En verdad, aunque se siga adelante sin decir  que la división social del trabajo no puede ser simplemente abolida por ningún  acto de gobierno (lo cual es cierto), porque esa herencia de la división del  trabajo es nefasta...” Ese es uno de los códigos del sistema capitalista, la  división, hay una división que no es división es clasificación técnica necesaria  en muchos casos; pero él se refiere a la división social jerárquica del trabajo,  donde hay un patrón, un gerente, un caporal que viene a dar vueltas por ahí,  tal, ¿y los demás? Como esclavos, esclavos, subordinados al látigo, explotados  por el patrón y sus caporales, ¿ve?

Entonces, él dice que eso no se puede acabar por un decreto, yo pudiera firmar  aquí un decreto, cien decretos, yo pudiera firmar aquí un decreto, cien  decretos: “Aquí en este predio socialista Unidad de Producción Primaria  Socialista, yo presidente Hugo Chávez decreto que se acabó la división del  trabajo...” Bueno, yo puedo hacerlo, ahora una cosa es que... eso no se  decreta, eso se hace o no se hace, que es lo que dice Mészáros: “En verdad,  dice, aunque siga adelante sin decir esto, por bien intencionado que sea,  seguirá siendo igualmente cierto (oigan bien esto Érika, compañía y todos y  todas), que en un sentido muy profundo, el patrón de medición de los logros socialistas es hasta qué grado las medidas y políticas adoptadas contribuyen  activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo  sustancialmente democrático, es decir, verdaderamente no jerárquico en su  modo de operación en todas las esferas, un modo democrático de control social   y autogestión general...” Esta es una frase que vale oro, es una frase redonda,  más que frase es un concepto hasta dónde los logros socialistas, hasta qué  grado contribuyen, porque uno puede decir, sí aquí tenemos logros,  recuperamos la tierra: ¡Bravooo!, ¡ahhh, estamos haciendo trabajo voluntario!,  ¡bravooo!, ¡ah, vamos a sanear el río!, ¡bravooo!, esos son logros ¿verdad?,

Vamos a hacer la escuela: ¡Bravooo! Le hicieron el drenaje a la carpa: “¡Bravooo!, etc., esos son logros que no puede negar nadie. Pero, Mészáros apunta más al fondo porque es un filósofo, y todos tenemos que ser hasta  cierto punto filósofos, hay que buscar lo que llaman la esencia de las cosas, y  de la gente, y de los procesos, no dejarnos llevar solos por la superficie, lo  visible: ¡Ahhh el maíz, mira qué bonito se ve! No, hay que ir a la esencia.  Entonces él dice ahí: “El patrón de medición de los logros socialistas...” Hay  logros, ahora hay que medirlos. Cómo medimos este logro socialista para que  sea de verdad un paso en la dirección correcta del camino a la transición de la  sociedad socialista, del modo de producción socialista. Entonces, él aquí da un  elemento clave: Hasta qué grado las medidas tomadas aquí en este predio, las políticas adoptadas aquí en este predio, no es allá en las nubes, aquí en este  pedazo de tierra, es el socialismo desde lo micro.

Bueno, ¿de dónde venimos nosotros?, de algo microscópico, un espermatozoide, ¿y cómo se llama? un óvulo, esos son microscópicos, ¿verdad?, no son visibles, de ahí venimos nosotros. Ra, ra, ra, ra: ¡Paaa! Se unieron, y mire los que estamos aquí. Así el socialismo. ¿De dónde viene la mata de maíz?, de una semilla, una bichita así chiquitica. Igual pasa, el socialismo hay que sembrarlo, hay que engendrarlo, hay que abonarlo, y él vendrá creciendo después, con su propia fuerza.

Entonces, hasta qué grado las medidas que aquí se han adoptado, las políticas  que aquí se han implementado y se están implementando, van a contribuir, o  están ya contribuyendo activamente, no es cualquier contribución pasiva, no,  activa a la Constitución, y no sólo a la Constitución, sino después a la  consolidación, y no es cualquier consolidación, es consolidación bien arraigada,  arraigada que eche raíces profundas, arraigada, que más nunca se la lleve el  viento, ni la candela, ni nada, bien arraigada, ¿de qué?, de un modo  sustancialmente democrático, fíjense que no dijo de un modo democrático, no,  sustancial, que sea una democracia real, que tenga sustancia democrática,  democracia sustantiva, real, verdadera, ¿ve?, un modo democrático  sustancialmente, ¿de qué?, de control social y autogestión general. Ahora hay  que estudiar qué es eso, cómo el control social, que haya un contralor que  mire aquí y pase desde un helicóptero allá, Chávez pasó y vio. No, que  desarrollar el control social, ¿de qué?, control social, ¿de qué?, de todo, de los  recursos, de la tierra, del río, del agua. Cuando hay aquí un verdadero control  social, ese río no puede estar contaminado, del bosque, de la naciente del río,  control social del equilibrio ecológico, el equilibrio humano, control social de la  vida, es el auto control, el auto gobierno de la comunidad, de las actividades  que aquí se cumplen, control social de la propiedad. Que no vaya a repetirse lo  que pasó por aquí Elías, el tipo que amarró el tractor, llegó un tipo ahí, amarró el tractor, este tractor es mío, y le puso un candado, y la casa que estaba ahí  la agarró para él y la familia; eso fue por aquí cerca, y los demás como unos  pendejos aceptando todo, no ves que son, como decía Bolívar: “Esas son tristes herencias de las antiguas cadenas...”

El que está acostumbrado a que lo  manden, a que lo latigueen, bueno, el día que lo dejen de latiguear, si está acostumbrado: oye, ¿dónde está el látigo? no lo siento, quién me va a mandar a mí. No, es la conformación del Poder Popular, el control de la producción, la  planificación de la producción, el control del producto social, no pa’ que se lo  agarre una minoría para irlo a vender bien caro aquí, no, control social de la  producción, control social Elías, oído al tambor, de la distribución del producto,  control del excedente social, no es que se va a quedar uno con la mayor parte  y el resto una miseria. Distribución equitativa, control social, gobierno  comunal, la comuna, y la autogestión general, autogestión, planificación, control de todo, es el gobierno, el autogobierno.  Entonces, hago esos comentarios para tratar de contribuir, que es una de mis tareas, con el tema teórico y el tema práctico.”

Esta larga cita del Cmdte Chávez recoge su preocupación en torno a esta problemática y encuentra asideros en la lectura de Mészáro en el año 2009, insistiendo en control social, gobierno  comunal, la comuna, y la autogestión general, planificación, el autogobierno.

En esa búsqueda y construcción permanente, el Cmdte Chavez 3 años después en el I Consejo de Ministros del nuevo ciclo de la Revolución Bolivariana.Octubre de 2012, reitera estos puntos de vistas, tal como se recogen en la publicación titulada “GOLPE DE TIMON” (Minci,pag 10):   

“Aquí tengo al [libro de] István Mészáros,1 el capítulo XIX, que se llama “El sistema comunal y la ley del valor”. Hay una frase que hace tiempo subrayé, la voy a leer, señores ministros, ministras, vicepresidente, hablando de la economía, del desarrollo económico, hablando del impulso social de la revolución: “El patrón de medición -dice Mészáros- de los logros socialistas es: hasta qué grado las medidas y políticas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo sustancialmente democrático, de control social y autogestión general”.
También en el “GOLPE DE TIMON” el Cmdte Chávez, cita a Mészáro en la caracterización de la división del trabajo en la fábrica capitalista:

“Las fábricas construidas con fines capitalistas llevan las marcas indelebles de su “sistema operativo”, la división social jerárquica del trabajo en conjunción con la cual fueron construidas. Un sistema productivo que quiere activar la participación plena de los productores asociados, los trabajadores, requiere de una multiplicidad de procesadores “paralelos”, coordinados de la manera adecua- da, así como de un correspondiente sistema operativo que sea radicalmente diferente a la alternativa operada de manera central, trátese de la economía dirigida capitalista o de sus bien conocidas variedades poscapitalistas presentadas engañosamente como “planificación” ( Ob cit,Pag 24)

En ese misma página donde está el párrafo que cita el Cmdte Chávez del texto Más allá del Capital , Mészáro vincula este impacto de la división del trabajo al DESPOTISMO DE FABRICA Y LA TIRANIA DEL MERCADO:

“…¿ Cuánto más habrá que estar consciente de tales determinaciones y restricciones en el caso de la fábrica capitalista ? Porque esta no es un instrumento aislado sino un poderoso SISTEMA (un auténtico microcosmo) operado exitosamente sobre la base del “despotismo del lugar de trabajo” (su estructura de mando jerárquica interna) en su conexión orgánica con la “tiranía del mercado”   que vincula e integra las unidades productivas particulares dentro del macrocosmo totalizante del marco regulador capitalista.

Así, no tiene nada de accidental que la retención de la división del trabajo—con su estructura de mando autoritaria—en la sociedades poscapitalistas tenga al final que conducir a la propugnación del “ socialismo de mercado”…”

En conclusión, podemos establecer que la perpetuación de la división social del trabajo capitalista en la transición del socialismo real, generó una serie reformas RESTAURADORAS DE LA LOGICA DEL CAPITAL, concretada en:

n  El capitalismo de Estado
n  El socialismo de mercado

En tal sentido, la crítica del Cmdte Chávez a la división social del trabajo capitalista es uno de sus legados más valioso en el terreno ideológico, ya que permite conjurar las amenazas restauradoras que ha vivido el socialismo del Siglo XX.

Frente a estos desafíos, Mészáro en su texto Más allá del Capital, formula una serie de propuestas fundadas en el sistema comunal:

“ La producción de tipo comunal y el intercambio de actividades previsto por Marx en las que el principio operativo es una “organización del trabajo planificada” ( planificada según las necesidades  y aspiraciones de los sujetos que trabajan implicados) “en lugar de una división del trabajo” (que debe ser determinada tiránicamente)…”

“…según Marx, la tarea no es la conciliación de la sociedad poscapitalista con los imperativos estructurales de la división del trabajo. Por el contrario, es la superación progresiva de esta última mediante una organización consciente del trabajo, planificada por los propios individuos activos que trabajan, que se reposesionan de todas aquellas funciones controladoras…” (ob cit, pag  879)

En el combate a la división del trabajo capitalista, Mészáro citando a Marx, propone salidas que desde nuestra perspectiva las podemos homologar a la gestión y planificación democrática de los Consejos de Trabajadores(as) y al Control Obrero.

E/Carlos Lanz Rodriguez

04/11/2014